Roberto Canessa: cuando el esfuerzo es la meta

Hay ocasiones extremas en que dar un paso más es el principal objetivo y disfrutar de un momento de paz en medio de las dificultades puede ser el mayor regalo. Roberto Canessa ha venido a Ticare a compartir sus vivencias y pensamientos, y nos ha dado una lección de fe. Fe en el esfuerzo, fe en que habrá un día más, fe en el equipo. Y, cuando ya parece no quedar nada, la fe en Dios nos da fuerzas de la nada.

Roberto y algunos de sus compañeros del equipo uruguayo de rugby, sobrevivieron durante cuarenta y dos días tras un accidente en un punto perdido de los Andes. Un lugar tan alto que bajo la nieve no prospera ningún ser vivo. Un equipo humano, según Roberto, es aquél en el que cada uno se ocupa de lo que mejor sabe hacer: caminar, rezar, contar chistes… Todos los papeles son importantes. ¡No quiero pertenecer a un grupo donde cada uno no está dispuesto a dar lo mejor de sí mismo! Si vamos todos a ver qué podemos sacar, el grupo se empobrece; a ese grupo le pertenecían mis piernas y por eso me. tocó salir a caminar, nos dijo emocionado.

El momento más duro fue cuando alguien puso sobre el tapete la posibilidad de comerse a los compañeros muertos. ¡Al principio todos se le echaron encima! El fuselaje del avión siniestrado en el que se refugiaban era una lista de espera para morir. Él estaba estudiando segundo curso de medicina por entonces y sabía que con las proteínas de la carne humana y la grasa podían sobrevivir. ¡Pero aquello era violar la intimidad de un amigo, una humillación! Es más digno y más fácil dejarse morir, pensó. Entonces cambió su perspectiva: “Pensé que, si hubiera muerto, me habría gustado participar en ese proyecto de vida, como combustible para los que sobreviven. Imaginé a mi madre llorando ante mi tumba y quise ir a decirle: ¡no llores más que estoy vivo!”. Eso le movió a seguir adelante.

Roberto fue uno de los dos que encontraron ayuda después de once días caminando sobre el hielo, por laderas imposibles, sin un lugar donde poder recostarse por la noche. En esos momentos, se sorprendió a sí mismo disfrutando de un cielo estrellado y unas vistas que nadie más podía observar. “No mires la montaña, mira si puedes caminar. Y, cuando te desanimes, mira el camino que llevas recorrido. Dios nos da fuerzas para superar las situaciones más duras.” Llegados a ese punto, la finalidad no es el éxito o el fracaso, es el esfuerzo en sí. No es tan grave morir, pensó. Que el miedo a la muerte no te arruine la vida. Sobrevive el que tiene actitud ante la vida: reírse de la desgracia es una forma de asomarse a la vida.

 

 

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